Ricardo Barreda: el odontólogo que mató a las cuatro mujeres de su familia y hoy llegó al streaming

“No sé la sociedad, pero pienso que, en un principio, mi familia tendría que haber sido solidaria conmigo”. El odontólogo Ricardo Barreda, quien en 1992 asesinó a escopetazos a su esposa, su suegra y sus dos hijas en La Plata, siempre se victimizó. Su argumento ante la justicia fue que él era humillado por las mujeres –le decían “conchita” y lo mandaban a limpiar- y que por eso las mató a sangre fría.
Este cuádruple femicidio -aunque en aquella época no existía tal figura- conmocionó al país durante años, al punto que se convirtió en un fenómeno mediático y se han escrito libros y filmado documentales y películas. La última producción, titulada “Barreda” y con Luis Machín encarnando al asesino múltiple fallecido en 2020 cuando ya estaba en libertad y tenía 84 años, se estrena este viernes en la plataforma Prime Video.
El hecho ocurrió el domingo 15 de noviembre de 1992 en el caserón de dos plantas ubicado en calles 48, entre 11 y 12, en pleno centro platense, donde residían las -verdaderas- víctimas: la esposa del asesino, Gladys McDonald (57); la suegra, Elena Arreche (86); y las hijas del matrimonio, Cecilia (24) y Adriana (26).
Era un día caluroso y en la vivienda también funcionaba el consultorio de Barreda, quien utilizó una escopeta Víctor Sarasqueta calibre 16 que le había regalado su suegra y guardaba en un armario. Tras consumar la masacre, abordó su Ford Falcon verde, fue hasta la zona de Villa Elisa donde descartó el arma en un arroyo y luego dio un paseo por el zoológico de la capital bonaerense.
Al regresar a la vivienda desordenó y revolvió todo -excepto en su habitación, error clave- y llamó a la Policía para decir que ladrones habían entrado a robar y las mujeres de la casa estaban muertas. Este intento por desviar la investigación quedó trunco rápidamente y, acorralado por las pruebas, terminó confesando ante un comisario en su despacho: “Fui yo”.
Barreda durante el juicio oral en el que lo condenado a perpetua en 1995. Foto: Daniel Forneri.En 1995 fue sometido a un juicio oral que mantuvo en vilo a los tribunales platenses. Durante esas audiencias se lo vio de camisa y corbata y con un rostro adusto que asomaba detrás de sus anteojos de marco grueso. Sentado frente a los jueces, relató de manera calculada cómo cometió la masacre, sin mostrar ningún arrepentimiento. Y también reconoció que mantenía relaciones extramatrimoniales porque su esposa ya no lo quería.
Admitió que estaba “abrumado” por los maltratos en su hogar y su única expresión sentimental fue decir: “Lo siento por mi hija más chica, que fue a la que menos le di y de quien más recibí”.
La sala I de la Cámara Penal de La Plata lo condenó a prisión perpetua en un fallo que contó con el voto en disidencia de la jueza María Cielia Rosentock, quien consideró que el odontólogo no comprendió la criminalidad de sus actos y, por ende, era inimputable. Pero los magistrados Pedro Soria y Eduardo Hortel sostuvieron lo contrario.
Tras el juicio, Barreda quedó preso en la Unidad 9 de La Plata. Allí conoció en el 2000 a Berta “Pochi” André, una docente jubilada que primero iba a visitar a un familiar, y luego se hizo íntima de Barreda, al que veía dos veces por semana.
Barreda en 2004, pidiendo ante la justicia una reconsideración de su condena. Foto: Daniel Forneri.“Me gustaría ir al cementerio a dejarles unas flores”, admitió en una entrevista con Clarín, mientras cumplía la condena en el penal platense.
Los años de encierro fueron pasando y en 2008 fue beneficiado con el arresto domiciliario debido a su buena conducta y a su edad, que ya superaba los 70 años, y se fue a vivir con “Pochi” a un departamento del barrio de Belgrano.
En enero de 2011, este beneficio fue revocado después de incumplir las condiciones con el pretexto de acudir a una farmacia, aunque el 11 de febrero del mismo año se le restituyó la prisión domiciliaria.
Finalmente, el 29 de marzo de ese años se le concedió la libertad condicional, la cual le fue revocada en 2014 porque tenía conductas agresivas con André. Entonces, Barreda fue a la cárcel de Olmos y se separó.
En 2015 murió “Pochi”, mientras que a él volvieron a otorgarle la condicional. pero ya no tenía adonde ni con quien ir a vivir, así que comenzó a deambular por distintos lugares para los adultos mayores. Hasta se lo vio durmiendo en la guardia de un hospital, como una persona en situación de calle.
En 2020, Barreda -ya con la acción penal en su contra extinguida y con demencia senil- fue internado en un geriátrico de José C. Paz en el que murió el 25 de mayo de ese años tras sufrir un paro cardiorrespiratorio.
“Arrepentido de mis pecados cometidos”, se puede leer en el epitafio de la cruz sobre la tumba del femicida en el cementerio municipal de dicha localidad bonaerense. Allí lo visitó su único amigo, que intentó, pero no pudo, cumplir el deseo de Barreda de que esparcieran sus cenizas en la cancha de Estudiantes de La Plata, club del que era hincha.
La casona donde ocurrió la masacre estuvo abandonada unos 30 años.En tanto, la casona que pertenecía a la familia de McDonald y se transformó en la escena del cuádruple crimen estuvo abandonada durante tres décadas en las que quedó en medio de un tironeo judicial y disputas políticas. Hasta que luego de su expropiación por ley, se resolvió en 2022 convertirla en un memorial y centro de asistencia a las víctimas de violencia de género.
Por entonces, sus muros estaban descascarados, la mampostería se desprendían sin obstáculos, la fachada se veía totalmente vandalizada con todo tipo de pintadas alusivas, y el patio mostraba una vegetación descontrolada. Mientras que en el interior resistía, imborrable, el recuerdo de tanto horror y odio hacia las mujeres.
Fuente: www.clarin.com


